domingo, 22 de mayo de 2016

Europa desde una butaca: Revelaciones

En 70 horas debí compactar 12 horas de viaje en tren, otras tantas horas de sueño y otros tantos litros de cerveza para ver 270 minutos de fútbol alemán in situ.  Desde la base en la zona roja de Frankfurt (establecida a fines prácticos para sacar provecho de su cercanía con la Hauptbahnhof; a diferencia de lo planeado para Ámsterdam, donde hice base en la zona roja para sacar provecho de la ubicación en la zona roja) partí temporalmente hacia Colonia (cumpliendo con el no cierre de la historia anterior), donde me esperaba el, en papel, duelo menos atractivo de todo el itinerario futbolístico: 1.FC Köln contra el FC Ingolstadt.

Después de las visitas turísticas de rigor (Domo, que en realidad es la primera postal que te ofrece la ciudad apenas salís de la Hauptbahnhof, cervecería tradicional y otra cervecería no tradicional) y la adquisición de un buzo de arquero del effzeh (así llaman los locales a su equipo y que predeciblemente quiere decir F-C) en liquidación de la temporada anterior y que resulta bastante feo estéticamente, pero que me salvó del pronóstico erróneo que había hecho acerca del clima, me dirigí al Müngerdorsfer Park. Caminando el equívoco trazado urbano del centro de la llamada ciudad carnaval (de Mainz dicen lo mismo también), llegué a la estación de Neumarkt para tomar el tranvía nro. 1 en dirección a Leiden que me llevaría al 999 de la Aachener Strasse donde está el antes mencionado parque que contiene al ahora llamado (por cuestiones de sponsoreo) RheinEnergie Stadion.

Al igual que en Berlín la previa del partido resultó ser bastante amena: ya a 10 cuadras del estadio prevalecían los bares, puestos y vendedores ambulantes dedicados a la venta de cerveza, ese siempre rentable negocio en tierras teutonas, mientras que cerca del estadio además de los puestos de comida y merchandising había un par de iniciativas de marketing del sponsor principal del club en la cual uno podía poner su cara en el cuerpo de un jugador de Colonia o fotomontajes que simulaban una foto con un jugador del club. De nuevo, advertí el mismo patrón que en Berlín, una cierta mercantilización y esfuerzo orientado a adelgazar el bolsillo del hincha, pero a su vez hay un cuidado del mismo y una idea de otorgarle algo a cambio.

Una vez cumplido el ingreso con el ticket virtual que tenía en mi celular (donde la incompletitud de la información me llevó a cometer un error en la puerta de ingreso) me encontré dentro del precinto donde procedí al consumo de un bratwurst y un poco mas de la cerveza autóctona Kölsch, intenté sacarme una selfie con el muñeco mascota del club (mas sobre el original en las próximas líneas) para desistir después de ver que una cantidad considerable de niños también estaba esperando y entré al local oficial del club, pero también me privé de consumir ya que era un quilombo, cuestión que no puedo decir que me haya sorprendido porque ya había advertido (casi con alivio, después de darme cuenta que ya había sido cooptado por el respeto al orden imperante en Berlín) que todo lo que tiene que ver con Colonia y su gente se encuentran fuera del preconcepto de frialdad, respeto del orden preestablecido y generalmente correcto que se tiene del alemán en general.

Hennes VIII, nuestro nuevo ídolo
Me dispuse a tomar el asiento que tenía en la segunda fila de la cabecera opuesta a la stehseplatz (sectores donde la gente puede ver el partido de pie tal como en nuestras populares) en paralelo a la línea del área grande, donde los equipos ya terminaban de efectuar sus movimientos precompetitivos y empecé a encontrar parte de lo que esperaba en la Bundesliga: Pasión (también había Wi-Fi, incomprensible, para los que vamos a la cancha y ni hay señal de celular). La verdad es que si hubo algo que fue decepcionante del partido en Berlín fue que se cantaba de Stehseplatz a Stehseplatz y la atmósfera nunca terminaba de despegar. La primera demostración que en Colonia no iba a ser igual fue cuando empezó a sonar el tema de Rocky I y en la pantalla, apareció el gran Hennes VIII, en su hábitat natural (el zoológico de Colonia) y se lo lleva un camión de DHL y lo deposita en el estadio, donde hace una entrada triunfal con una escolta de porristas. Cuando la gente vio al Geissbock, ese magnífico cuadrúpedo de cuernos ondulados, el estadio explotó por primera vez en la noche e incluso se llevó una ovación superior a cualquiera de los 11 bípedos anunciados a continuación como titulares del 1.FC Köln. Otro gran momento fue la recepción de los equipos donde sonó  el himno del equipo que salvo por el reducido público visitante (por falta de interés debida a obvios motivos) y yo (por falta de recursos lingüisticos debida a obvios motivos) canto todo el estadio a todo pulmón.

La ubicación que saqué me dio una buena impresión de la atmósfera reinante en el estadio y poder apreciar realmente la velocidad a la que se juega en la Bundesliga a pesar de tratarse de dos equipos cuya expectativa general es que terminen en la mitad inferior de la tabla; pero me privó de poder ver el partido desde un punto de vista mas analítico. Aún así, de entrada nomás se vio claro que Ingolstadt con un punto se iba mas que satisfecho, mientras que el effzeh pareció retomar donde había dejado tres días atrás en Berlín, con un fútbol directo, pero sin muchos elementos creativos, atacando principalmente desde la banda izquierda con un encarador Bittencourt y el mas liberado Jonas Hector mientras que Modeste mostraba el repertorio que había llamado mi atención en Berlín. Por esas cosas que tiene este juego el gol que llegó a los 10 minutos vino por el otro lado cuando Marcel Risse sacó una hoja del libro de Manfred Kaltz (otro equipo y otro puesto, pero la comparación es estrictamente limitada al punto de vista técnico) y encontró a Modeste solo en el punto del penal, beneficiario de un resbalón de un central rival, para suspenderse en el aire y cabecear cambiando la dirección al balón superando al notoriamente encanecido arquero visitante.
A diferencia de otros equipos que salen a defenderse y después de recibir un gol no saben que hacer, Ingolstadt pareció tener un plan B: Siguió compacto, pero se adelantó un poco, estableció la batalla del mediocampo logrando superioridad numérica y arrimó peligro mediante remates de larga distancia (unos de los cuales despertó una ovación para el buen arquero e ídolo local Timo Horn al ritmo de Estrellas y Barras a.k.a. La canción de Crónica) y pelotas paradas, medio por el cual resultó llegar el empate de los bávaros. Matip, que había perdido a Modeste en el primer gol, encontró libertad en el área rival, con un cabezazo potente superó a Horn y puso el resultado que sería definitivo a los 21’. Ni la gran cantidad de tiempo por delante, ni el empuje de todo el estadio ni la impasiva mirada de Hennes VIII al costado de la cancha generaron ideas en el ataque local ni en el banco donde el técnico usó un solo cambio de los tres ni inquietud en la defensa rival mas allá de algún susto aislado: Al final del partido Ingolstadt se llevó lo que había venido a buscar y la reacción después del silbatazo final no escondió ni un poquito la satisfacción por el objetivo cumplido.
El regreso tuvo eventualidades: en el tranvía a la estación de Neumarkt fue pintoresco, tuve un diálogo con un par de habitués de la stehseplatz (la pregunta de apertura del intercambio fue ¿Dónde se sale hoy?) y un par de plateístas, la caminata por la zona de bares del Neumarkt hasta llegar al domo para llegar desde donde partí, como diría la Renga, pero mayor inconveniente fue que después tardé 5 horas para hacer un viaje que la ida había hecho en 90 minutos con una escala de una hora en Mainz incluida.

Soy de la teoría que uno no elige sus pasiones, sino que esas cosas lo eligen a uno, te agarran y no te sueltan nunca mas; porque de otra manera no se explica que algún vínculo de este tipo te acompañe para toda la vida, no por nada uno dice que “es de X equipo” y no que es seguidor o hincha de, (in)conscientemente indicando pertenencia, mas que afiliación. Colonia y su gente te tiran todo lo Kölsch en la cara como tarjeta de presentación: el folklore, la idiosincrasia, la tradición, las particularidades y la pasión están a flor de piel, Colonia es una forma de ser y de sentir, un estado de comunión de alma y (no muy germánica) mente. Y en eso esta incluido este equipo, el effzeh, que también se trata de la ciudad y no por nada el club tiene el lema “Spürbar Anders” cuya traducción libre sería Claramente Diferentes. Mas allá de la cercanía de características (Seguramente ampliada por el filtro de la sorpresa) no pude evitar la sensación de que Colonia y el effzeh me tomaron. Ya mientras volvía caminando nuevamente por los escasos metros que separaban la Hauptbahnhof de la zona roja Frankfurt a las 4.30 A.M. volvía reflexionando sobre eso. Mientras retiraba el equipaje de la jaula/locker y hablaba a la pasada con un huésped del hostel que casualmente resultó ser compañero de habitación (un hindú norteamericano) y le comenté lo que había hecho. Razonando la travesía mucho tiempo después había caído en la cuenta que sin saber, de esas 24 horas había viajado 12 en tren y había dormido 0, pero que ese sacrificio, no había sido tal, que había valido la pena, y sin saberlo de antemano, correspondido mansamente a esa posesión. Me di cuenta que por ahí, ya era del 1.FC Köln.

Ehrenfeld, Raderthal, Nippes, Poll, Esch, Pesch un Kalk
Ehrenfeld, Raderthal, Nippes, Poll, Esch, Pesch y Kalk
Üvverall jitt et Fans vom FC Kölle
En Todos Lados Hay Hinchas del FC Kölle
En Rio, en Rom, Jläbbisch, Prüm un Habbelrath
En Rio, en Roma, Jläbbisch, Prüm y Habbelrath
Üvverall jitt et Fans vum FC Kölle.
En Todos Lados Hay Hinchas del FC Kölle

Freud oder Leid, Zokunf un Verjangenhejt
En la Alegría o en la Tristeza, Futuro y Pasado
E Jeföhl dat verbingk - FC Kölle
Un Sentimiento que Une – FC Kölle
Ov vür ov zoröck - neues Spell heiß neues Jlöck
Hacia delante o hacia atrás – Cada Partido es una Nueva Oportunidad
E Jeföhl dat verbingk - FC Kölle
Un Sentimiento que Une – FC Kölle

Mer schwöre dir he op Treu un op Iehr:
Te Juramos Honor y Lealtad
Mer stonn zo dir FC Kölle
Estamos Junto a Vos FC Kölle
Un mer jon met dir wenn et sin muß durch et Füer
Y caminaremos junto a vos, a través del fuego si es necesario
Halde immer nur zo dir FC Kölle!
Estaremos siempre a tu lado FC Kölle!

Ov jung oder alt - ov ärm oder rich
Jóvenes o Viejos – Pobres o Ricos
Zesamme simmer stark FC Kölle
Unidos somos fuertes – FC Kölle
Durch dick un durch dünn - janz ejal wohin
En las buenas y en las malas – No importa el lugar
Nur zesamme simmer stark FC Kölle
Solo Unidos Somos Fuertes – FC Kölle

Mer schwöre dir he op Treu un op Iehr:
Te Juramos Honor y Lealtad
Mer stonn zo dir FC Kölle
Estamos Junto a Vos FC Kölle
Un mer jon met dir wenn et sin muß durch et Füer
Y caminaremos junto a vos, a través del fuego si es necesario
Halde immer nur zo dir FC Kölle!
Estaremos siempre a tu lado FC Kölle!

Mer schwöre dir he op Treu un op Iehr:
Te Juramos Honor y Lealtad
Mer stonn zo dir FC Kölle
Estamos Junto a Vos FC Kölle
Un mer jon met dir wenn et sin muß durch et Füer
Y caminaremos junto a vos, a través del fuego si es necesario
Halde immer nur zo dir FC Kölle!
Estaremos siempre a tu lado FC Kölle!

Mer schwöre dir he op Treu un op Iehr:
Te Juramos Honor y Lealtad
Mer stonn zo dir FC Kölle
Estamos Junto a Vos FC Kölle
Un mer jon met dir wenn et sin muß durch et Füer
Y caminaremos junto a vos, a través del fuego si es necesario
Halde immer nur zo dir FC Kölle!
Estaremos siempre a tu lado FC Kölle!

*Kölle es un variante de llamar a Colonia en el dialecto local


Para terminar de reafirmar esta convicción y que no se trataba de una hipersensibilidad inducida por la excesiva ingesta de cerveza, mucho después de esta Offenbarung, me encontré en la barra de un bar de San Telmo pidiendo una Kölsch, en lugar de una Kolsch. Si alguien cambia la letra en la primera estrofa y reemplazan una de esas ciudades por Buenos Aires, acá hay alguien dispuesto a honrarlo. Y sino seré representado por la parte que dice Üvverall jitt et Fans vum FC Kölle.


Europa desde una butaca: Encuentro con la Bundesliga

El primer choque con el buque insignia futbolero de una ciudad que no parece muy futbolera lo tuve dos minutos después de haber puesto un pie en Berlín. En el primer piso de la Hauptbahnhof de Berlín encontré (a pesar de estar desorientado como pocas veces en mi vida) el local del Hertha BSC.  En una muestra de autocontrol, no ingresé, lo cual resultó ser beneficioso económicamente, ya que el paquete de la oficina de turismo, incluía considerables descuentos para ir a ver al Hertha. Hecho el trámite de la adquisición de la entrada para el Hertha Berlin-1. FC Köln y la compra de alguna pilcha de entrenamiento, había que resolver el no sencillo tema de llegar al hostel desde la Hbf.. Pero lo importante ya estaba hecho: La cita del martes 22 de septiembre de 2015 en el mítico Olympiastadion de Berlín.



El Ludwig Jahn
No fue un particularmente placentero de arranque de martes. Un excelente Döner Kebab en las horas de la madrugada no alcanzó a contrarrestar la mezcla de tequila, Jägermeister y considerables cantidades de cerveza integrantes de una previa/estancia en un establecimiento nocturno que confundía libertad con libertinaje e invitaba a explorar aspectos muy bajos de la decadencia inherente al ser humano mientras que el clima fresco, pero a la vez pesado tampoco era una invitación amable para salir a descubrir Berlín. El fresco fue cediendo a la pesadez, no obstante, no me impidió disfrutar de la mundialmente famosa East Side Gallery, ni pasear por el barrio turco de Kreuzberg, ni de ser objeto de la abundante oferta de droga en el que después descubrí que es el Görlitzer Park. La manija futbolera me llevó al Ludwig Jahn Sport Park, estadio donde hacía de local el tristemente célebre Dynamo Berlin y donde hace de local su reencarnación caída en desgracia, el BFC Dynamo. Encontre un encuentro de atletismo juvenil, lo cual me dio un respiro y me permitió ver el estadio con un poco mas de vida, aunque sentí decepción al no ver referencia al equipo de fútbol en todo el estadio. Para ese momento, la noche anterior ya me había pasado factura y previo a partir al estadio decidí que lo mas sano tal vez sería ir a dormir una siesta para llegar en buenas condiciones al partido (Como si el tipo hubiera tenido que ir a jugar)

Cuando salí alrededor de las 17.30 (3 horas antes del partido), se dio lo inevitable: Lloviznaba y estaba mas fresco. Recorrí en el U-Bahn U5 el trayecto de Rosa-Luxemburg-Platz a Alexanderplatz y una vez allí recorrí los aproximadamente 1.700 metros que separan la plataforma del U5 hasta las del S-Bahn donde agarré el S5 en dirección a Spandau que me dejó (a mi y a tantos otros hinchas del Hertha y del Köln) en la apropiadamente llamada estación de Olympiastadion. De ahí recorrí unos 150, 200 metros que me depositaron en la Olympischer Platz, no sin obviar la adquisición y rápido consumo de un Bratwurst y medio litro de Warsteiner. Una vez allí no pude evitar la emoción de ver ante mi esas cosas que parece que nunca llegan, el fin de la manija, todo causado por esa estructura cavernosa de concreto, un anacronismo de hormigón, un recordatorio de un tiempo pasado, una paradoja de un templo inconfundiblemente Nazi aún venerado y santificado al día de hoy y capaz de tocar fibras emotivas positivas, aún en un una sociedad donde mejor no hablar de esa era, que yace cuan pesada carga en el inconsciente colectivo teutón.
  
Pasé mi entrada por el lector laser para ingresar al estadio y compre otro medio litro de Warsteiner y un Brezel (fue un momento decepcionante descubrir que no es con P y darme cuenta que viví toda la vida equivocado) para acompañar mi recorrido por los alrededores del estadio antes de tomar mi asiento. La historia en algunos lugares de Berlín se encuentra oculta o bien después de hurgar exhaustivamente en los pequeños detalles, pero en otros se transforma en una piña de realidad en la cara del visitante y el Olympiastadion es prueba de ello: había una pequeña exposición de atletas judíos víctimas del nazismo, el natatorio de los juegos olímpicos de Berlin de 1936 conservado de la forma mas original posible y al fondo donde la estructura oval del estadio se interrumpe en la llamada Puerta Maratón se encuentra el Maifeld, un inmenso campo abierto de superficie de césped. En el medio de eso, carritos vendiendo cerveza, brezel, bratwurst (o su versión local, currywurst una  especie de salchicha a la pomarola con curry), merchandising del Hertha, pescado; reflejando la idea de lo que intenta ser la Bundesliga, un lugar donde se intenta sacar cada centavo posible que cada espectador lleve a la cancha, pero sin dejar de respetar al hincha ni las tradiciones
No sin antes tomar la mayor cantidad de fotos posible, la manija me llevó a instalarme al asiento unos 35,40 minutos antes del horario estipulado de arranque del partido, viendo los movimientos precompetitivos de cada equipo y la particularidad típicamente alemana de que la voz del estadio no es una voz anónima de una cabina sino una especie de conductor de TV/Maestro de Ceremonias/Animador, mientras se instaló a mi lado un veterano abonado que debía seguir al equipo al menos desde cuando el despropósito del Muro de Berlín cumplía con su propósito. Llegada la hora del partido, en la pantalla del estadio apareció la apertura de TV de todos las transmisiones televisivas de la Bundesliga, que dio a pie a otra costumbre típicamente alemanísima (mi favorita, puntualmente): al momento de dar la formación el conductor de TV/Maestro de Ceremonias/Animador/voz del estadio deja la garganta y los pulmones gritando el número de camiseta y nombre de pila de cada jugador, mientras que el público presente deja su garganta y los pulmones gritando el apellido del jugador. Lo que es tremendamente divertido es que después del lapsus barrabravesco, el hombre en cuestión pasa dar la formación de la visita con un tono de solemnidad que desmiente cualquier teoría que afirme que se trate de la misma persona.

El pitazo inicial propuso un arranque movido, con el Hertha Berlín tomando la iniciativa con un modernoso 4-2-3-1 mientras que Colonia esperaba con dos líneas de 4 bien compactas y arriba apostaba a Anthony Modeste, delantero francés con un estilo de juego (salvando las distancias, obviamente) similar al de Drogba: excelente juego aéreo, y buenos movimientos de espaldas al arco para aguantar la pelota y asociar al juego a su compañero de ataque Osako, a los externos Risse y Bittencourt  y esporádicamente a Jonas Hector, el lateral izquierdo, sector del cual provino la mayor generación de juego del conjunto visitante. Del juego aéreo los visitantes encontraron las mejores chances, pero lentamente Colonia fue perdiendo impulso y Hertha pasó a dominar el juego, encontrando salida en sus laterales y el desequilibrio que aportaba Salomón Kalou, jugador de gran talento, pero también reticente a demostrarlo regularmente; pero particularmente en el checo Vladimir Darida que hizo del mediocampo su dominio, mostrando una gran noción de la ocupación de los espacios en ese sector y ofreciéndose como opción libre en cada jugada. Hasta que a los berlineses les rindió frutos la salida predeterminada: el arquero Jarstein, cedía a uno de los dos centrales (en este caso, el capitán e ídolo local Fabian Lustenberger) que jugaría un pase recto saltando líneas al medio espacio hacia uno de los wines o Kalou (en este caso el suizo Stocker) para abrirla al lateral que llega. En este caso, Plattenhardt, de gran aporte  en la fase ofensiva, no fue hasta el fondo como en una jugada anterior sino que tiró un centro bajo al primer palo donde el bosnio Vedad Ibisevic cerró la jugada con un anticipo de manual. Los de Peter Stoger no encontraron respuesta en el corto plazo e inmediatamente después del gol se vieron anímicamente conmovidos y Hertha cerró el primer tiempo con una cómoda ventaja a favor al menos en el desarrollo a pesar de un tiro en el palo del peligroso pero ocasionalmente frustrante Bittencourt. El cierre del primer tiempo fue una buena excusa para recargar el vaso de Warsteiner, trámite que a pesar de la gran demanda resultó ser bastante expeditivo. En el comienzo del segundo tiempo, el tren de la publicidad de la Deutsche Bahn que anunciaba los goles en otras canchas (este partido se jugó en la englische woche) pasó cinco veces en 10 minutos, para anunciar 5 goles de Lewandowski en Munich, lo cual fue lo mas relevante que pasó en Berlin, lo cual me llevo a maldecir un poco al destino y no estar en Munich. Conforme avanzaba el partido, los de la ciudad catedral arriesgaron con las sustituciones, pero siguieron avanzando infructuosamente, mientras que los locales se hacían cada vez mas peligrosos en los contraataques, hasta que al final del partido el emergente del banco de suplentes Baumjohann tocó para que Ibisevic corra unos 40 metros sin oposición de cara a Timo Horn, lo esquivara y definiera ante el arco vacío.


Después quedó poco para contar: un regreso multitudinario, un lemeyun medio pelo en una casa de kebab en Hackescher Markt y una birra en el bar del hostel. Probablemente el cierre sea escueto, pero solo porque sabía que no iba a ser necesario, porque a los dos equipos me los iba a volver a cruzar.  

Europa desde una butaca: Castillos vacíos

El calendario futbolístico me había resultado definitivamente elusivo. La idea era conocer/ver que onda con todo aquello que rodea a ese torneo ampliamente elogiado que es la Bundesliga, pero a su vez también estaba la posibilidad de poder experimentar la posibilidad presenciar un partido de competencias europeas e incluso un partido de la SynotLiga, la (justificadamente) poco afamada liga checa. Por cuestiones azarosas (en el caso de las competencias europeas) u organizativas (por el caso de la liga checa), solo me tuve que conformar con presenciar la Bundesliga.

Por todos sus encantos medievales y su amplia y (excesivamente) accesible oferta cervecera, Praga no es el paraíso futbolero. Tiene algo que ofrecer a aquellos que busquen algún tipo de referencia dentro de sus muros: Hay cuatro equipos de primera división, dos de los cuales (Sparta y Slavia) han sido tradicionalmente los buques insignia del fútbol de la República Checa y dos clubes menores pero tradicionales, que añoran el brillo dorado de épocas pasadas (Dukla y Bohemians); no obstante en el día a día de la ciudad, sus existencias pasan de alguna manera desapercibidas y para notarlas hay que ir a su encuentro.  

Después de un jueves de unos 30 grados, 120% de humedad, sol pleno e insolación en el monte Petrín, el Monasterio de Strahov y el Castillo de Praga, regresé al hostel y después de una siesta breve para recargar mis vapuleadas reservas de energía, me levanté con culpa de estar en Praga durmiendo la siesta. La culpa se disipó rápidamente y dio paso a cierta paz mental en el momento que las piernas recordaron el esfuerzo realizado y la falta de forma a causa del comienzo reciente de las vacaciones, pero aún así salí decidido a hacer el esfuerzo y salir a aprovechar mi estancia. Aprovechando que el alojamiento elegido se encontraba en el barrio de Vrsovice (se pronuncia como algo parecido a “Vershovitza”), fui a la parada de tranvía de Krymská y tomé el nro. 31, que viene por Francouzská hacia Ruská, agarra Moskevská y cuando llega a la estación Koh-I-Noor en la intersección de Moskevská y Vrsovická dobla a la derecha y en la estación siguiente, apropiadamente llamada Bohemians donde tras la placa que dice Vrsovická 1489/31 se encuentra el Dolícek, estadio del equipo homónimo de la estación del tranvía.

Atravesé el icónico portón blanco adornado con un canguro verde e ingresé al local comercial que se encuentra bajo la platea principal del pequeño recinto. Había una cantidad de mercadería no menor, pero no exagerada, y una gran cantidad de cajas vacías. Vi toda la mercadería en exposición (no iba a comprar porque salí impulsivamente de la cama del hostel y me había olvidado la billetera) y consulte a la persona que allí estaba los horarios de apertura. Me explicó en un inglés cortado y sin mucha onda que los horarios de apertura eran variables y que dependían del día de la semana, del clima, del nivel de contaminación en la ciudad, de la cotización de la Corona Checa, si llegaba un número par o impar de turistas chinos al aeropuerto de Praga, el conteo de Pandas alrededor del mundo y si se le cantaba los huevos abrir el local. Después pregunté si estaba el estadio abierto para pasar y me dijo que no.  Obviamente el estadio estaba abierto, había unos niños (presumiblemente de las infantiles del club) que terminaban una práctica en el excelente césped del estadio, por lo que pasé a la platea principal por una de las entradas de las esquinas para poder apreciar la particular estructura del estadio. Una cabecera respetable enfrentaba a la cabecera sin tribuna que da a Vrsovická mientras que frente a la platea principal hay otra platea con no mas de tres o cuatro filas de asientos que exponen casi totalmente los edificios que se encuentran detrás. Una vez que volví hacia el pasillo interno de la platea, lo recorrí y encontré un kiosko, una casa de apuestas y el museo del club (obviamente cerrados), pero si las paredes externas del museo del club estaban recubierto por murales de (presumiblemente) viejas glorias y grandes equipos, encabezados por Antonin Panenka, ex delantero y actual presidente del club, lanzado a la eternidad hipster futbolera en forma de un penal picado en la final de la Eurocopa del 76’.

Visitar estadios vacíos, mas aún cuando se trata de vistas a estadios que no poseen ninguna particularidad puntual, es el último recurso para calmar la manija futbolera y mas cuando no hay oportunidad de concurrir en partidos. Pero reflexionando en el tranvía de retorno me había notado familiarizado con el entorno: El estadio pequeño, los pibes chicos, generando el ambiente de club de barrio familiar, pero principalmente por el local debajo de la tribuna, con los escalones de la platea haciendo de techo y pared, el vendedor con poca onda armaron un combo que recordó a mis tiempos cuando este servidor rascaba unos pesos debajo de la platea de la calle Miranda en el Islas Malvinas. Y de pronto me sentí movido al ver como el fútbol podía hacerme sentir como si estuviera a distancia de un bondi de mi casa, pero a mas de 11.000 km. Al fin y al cabo, por eso el fútbol tiene la capacidad de unir a gente independientemente de su circunstancia, por su capacidad de brindar emociones y experiencia similares en cualquier lado.




Para aquellos que siguen lo escrito en la Biblia, el Edén es donde Adán y Eva después de recién creados vivieron hasta que los echaron. Para otros el Edén es el paraíso, un lugar físico o metafísico donde nos sentimos a gusto y encontramos satisfacción a través de prácticas que nos generan sensación de bienestar. En Praga particularmente el Eden está a 1.4 km. del Dolícek, así que después de recorrer la Stare Mesto exhaustivamente y comprar una matrioska de Vélez, fui a tomar el nro. 22, pero en vez de bajar en la parada de Krymská el tranvía siguió por Francouzská hacia Ruská, agarrando Moskevská (Avenida desde la cual pude apreciar por el Dolícek cosa que no había percibido a la ida) y cuando llegó a la estación Koh-I-Noor en la intersección de Moskevská y Vrsovická dobló a la izquierda y en la estación siguiente, apropiadamente llamada Slavia, me bajé y caminé una cuadra volviendo sobre el recorrido del tranvía hasta la calle apropiadamente llamada U Slavie, sobre la que se encuentra el estadio. A una cuadra de la intersección de Vrsovická y U Slavie se pueden apreciar dos centros comerciales. El que está a la mano izquierda, que posee en su exterior un McDonald’s, un bar tipo americano y un Ibis Hotel, portando el 1540 de la calle U Slavie también hace las veces del hogar del Slavia Praha. Si no fuera por una bandera símil estandarte y el local oficial del club, difícilmente pueda asociarse este recinto a un estadio de fútbol. Después de ver que las puertas del estadio estaban invariablemente cerradas, me dirigí a saciar el consumismo futbolero en la tienda del club, que para no desentonar con el entorno estaba ordenado y la extensa amplitud de su superficie estaba cubierta con un generoso rango de productos: La ropa de proveedor de material deportivo de rigor en buena cantidad y surtido, ropa de grupos organizados o alusiva al club y una serie de productos vinculados a la vida cotidiana a las que los cráneos del marketing del club se les ocurrió que podían estamparle el escudo del club, como vasos, sábanas y guantes para hornear. Conseguí una remera de entrenamiento a un precio bajo para los estándares que maneja la industria (No creo al día de hoy que me quedara bien, pero el precio justifica su compra). Efectuada la compra, consulté de alguna posibilidad de ingresar al estadio, lo cual me dijeron que no era posible, porque no lo manejaba el club, por lo que me tuve que conformar con dar una vuelta alrededor del recinto. Sobre U Slavie, pasando los Arcos Dorados, se encontraba una recepción de lo que parecía ser oficinas comerciales que contenía un par de murales con el plantel actual, viejas glorias y logros del club de los cuales tomé fotos solo para pedirle permiso a la atractiva señorita del mostrador y tener una excusa para entablar algún tipo de conversa, operación abortada por el rústico manejo de la lengua inglesa de la chica. Las fotos igual quedaron buenas. Dando la vuelta por Vladivostocká pude apreciar de lejos el considerable predio que posee el club, incluyendo instalaciones techadas y una cancha de hockey sintético, lo que de alguna manera reemplazó mi impresión del club como un emprendimiento comercial por algo un poco mas social y comprometido con el deporte.




De haber podido elegir algún estadio de los localizados en Praga, indudablemente mi elección hubiera sido el remoto Na Julisce, hogar del Dukla Praga, cuya tribuna principal aprovecha la ubicación del estadio sobre una colina y ofrece una vista panorámica de la ciudad. La lejanía, la prioridad de conocer otros aspectos de la ciudad y la falta de certeza respecto de la apertura del mismo, hicieron que no fuera, pero en el viaje camino a Berlín, como despedida de Praga, me quedó en la retina la postal de la platea principal, dominada por su “visera”. ¿Dije Berlín? Ya viene.

miércoles, 9 de julio de 2014

Por jugar por la izquierda

Como disparador de varios artículos, siempre digo que el fútbol está cruzado por distintas variables del entorno que lo rodea. Y cuando el fútbol es algo tan grande como lo es en Brasil, es imposible entender el fútbol aislado del entorno político-social y viceversa también. Prueba cabal de ello es el quilombo que se armó en la Copa Confederaciones y el malestar con todo lo relacionado el Mundial en la previa del mismo. Y tampoco es un fenómeno reciente ni mucho menos.

La situación política en Brasil a comienzos de los años 60’ era bastante inestable. La renuncia a la presidencia de Janio Cuadros, dejó al próximo en la línea de sucesión presidencial, Joao “Jango” Goulart, en una situación política bastante endeble. Se vio obligado a negociar con distintos sectores políticos y militares a fin de armar un consenso que le permitiera mantenerse en el cargo, pero que a su vez, limitaba tremendamente su capacidad de llevar a cabo sus planes. En 1963 Goulart convocó a un plebiscito para cambiar a un sistema presidencialista, del cual salió victorioso y a partir de ese momento se veía el porque del interés de algunos de limitar su gobernación: Reforma agraria, aumento de impuesto a la renta, mayor control sobre los inversotes extranjeros y una ambicioso plan de alfabetización nacional.
A ese plan se presentaron Zezé y Fernando “Nando” Antunes Coimbra, dos hermanos cariocas estudiantes de filosofía y portadores de un apellido ilustre en la historia del fútbol brasileño. Fernando también era jugador de las inferiores del Fluminense, donde su hermano mayor Zeca ya tenía un poco mas de rodaje profesional bajo el nombre de Antunes.
Finalmente Nando y su hermana y ingresaron como parte del proyecto, pero duró poco tiempo, porque Goulart fue depuesto por un golpe militar, el PNA (así se llamaba el plan de alfabetización) fue disuelto y todos los que participaban pasaron a ser considerados subversivos por el gobierno militar. A su vez eso coincidió con su salida del Flu. Un par de meses con el Botafogo, un par de idas y vueltas y terminó firmando su primer contrato profesional con el Santos de Espirito Santo. Jugó un año, hasta que llegó un entrenador con cargo militar. Nando tuvo que partir con la única explicación viniendo del vice-presidente del club pidiéndole que entienda la situación política del país. Ahí supo que la cosa no sería fácil de ahí en adelante.
No obstante, sus hermanos Edu y el antes mencionado Zeca, ya eran jugadores con mas rodaje y lo invitaron a que se sume a las filas del por ese entonces importante America carioca, donde Edu ya era ídolo y goleador. Fue un año muy bueno para los tres hermanos que componían la delantera del cuadro de Río, pero la historia se repitió: cambio de técnico y sin mayores explicaciones, Nando ya estaba afuera del plantel. De ahí se fue a otro club carioca, Madureira, un club que visitó China y Cuba, dirigido en ese momento por el apropiadamente apodado Esquerdinha. Nando jugó hasta que un día el vicepresidente del club le dijo que podía seguir entrenando y que iba a seguir cobrando, pero no podía ponerlo mas de titular.  Ciertamente, el tema este de la milicada, no le importó al Ceará que vio en Nando una solución para ocupar el puesto a la izquierda del ataque. Y Nando respondió con fútbol: No obtuvo títulos para el equipo, pero su fútbol si atrajo la atención de un par de equipos del otro lado del charco, por eso es hasta el día de hoy que recuerda con gratitud al club blanco y negro del estado homónimo.

Sin saberlo, y pese a su corta edad y la trayectoria ascendente que traía, la carrera de Nando empezaba a terminar. Fernando se iba para la tierra de su padres, Portugal, donde tenía acordado un contrato con el Belenenses. Sin embargo, la bienvenida que le tenían preparada no iba a ser para nada afectuosa.
En principio, le ofrecieron un contrato que era bastante inferior a lo convenido originalmente, por lo que el tema contractual quedó sin resolver, por lo que recibió la visita de la policía paralela comandada por el entonces dictador Antonio Salazar, que le hizo saber claramente que tenía toda la información sobre sus actividades extra futbolísticas, llegando al punto de amenazar con mandarlo a pelear a África por ser hijo de padre portugués en caso de quedar sin firmar contrato. Con la ayuda de la esposa de uno de los dirigentes, Nando huyó de Portugal.

Si la bienvenida lusitana no había sido afectuosa para Nando, el comité de bienvenida en Brasil iba a ser menos amistoso todavía. Una de las primas de Nando era colaboradora cercana de un grupo guerrillero, por lo que la “inteligencia” brasileña armó una redada en la casa de su madre cuando la familia estaba reunida. Allí también estaba Nando, que también era parte del objetivo de la redada (Su hermana ya había salido de Río). La cuestión es que Nando, su prima y el marido cayeron en cana. A Nando lo tuvieron 5 días tirado en el piso, boca abajo, con las manos en la nuca, cambiando de posiciones solo para interrogarlo y torturarlo. Por su parte sus hermanos mas ilustres, Antunes y Edu (a esa altura, futbolistas de muy alto perfil, sobre todo Edu) se clavaron en la puerta del centro de detención pidiendo que los detengan a ellos también, de modo que quien pasaba por ahí sabía que era algo raro pasaba con los Antunes Coimbra. Finalmente fue la presencia de Edu la que “liberó” a Nando de la cárcel ya que el comandante del centro era fanático del América, donde Edu descollaba. Igual, lo devolvieron totalmente desfigurado.
Después de eso Nando intentó volver al fútbol, pero desistió rápidamente para proteger a sus hermanos mas ilustres y al menor que daba sus primeros pasos y sabían que iba a ser el mejor de la familia. Por ahí el daño estaba hecho: Joao “Sin Miedo” Saldanha, destituido poco antes del mundial 70’ había dicho que Edu, goleador a nivel nacional en 1969 estaba vedado de la selección (que tenía intervención militar desde las sombras) por su familia y el latigazo también lo sufrió el hermano menor y a la postre mas ilustre: Artur Antunes Coimbra a.k.a. Zico, que a pesar de ser la gran figura emergente del Flamengo y con un enorme potencial muy evidente, fue marginado de los J.J.O.O. de 1972 en Munich por (se sospecha) los mismos motivos. Eventualmente Zico brillaría de tal manera que su exclusión por motivos extra futbolísticos sería increíblemente burda e incluso perjudicial para el régimen militar (que duraría hasta 1985) y a partir del mundial en Argentina sería eje central del Scratch.

Mientras Zico escribía su historia como uno de los mejores jugadores de su era, estrellas del Calcio Italiano en sus años de oro y mejor jugador de la historia del Flamengo, lo que había vivido Nando permanecía oculto excepto para la gente mas cercana. Solo 40 años después el mismo Nando supo que para el Estado Brasileño era considerado terrorista y subversivo y su situación se haría pública cuando ganó un juicio acogiéndose en una ley de Amnistía para todos los damnificados en ese período. Ante el estupor de la opinión pública por su renombre (al fin y al cabo se trataba del hermano de recordados futbolistas de renombre nacional), explicó que para no perjudicar la carrera de sus hermanos había cosas que no le podía decir ni a la familia, pero que finalmente, se sentía revindicado por que finalmente se había hecho justicia después de todo lo que vivió y todos los reconocimientos que vinieron posteriormente.  


Litros de tinta y horas de aire serán desperdiciados en observaciones moralistas que deporte y política no deben ir de la mano o al menos que el deporte no debe ser usado por la política, para caer luego en el vacío del olvido. Los hechos demuestran indefectiblemente que la política usa al deporte y viceversa también. Y si no es por conveniencia de una manera u otra se van a cruzar. Por ahí sería hora de ver como usa uno al otro en vez de negar la relación.

domingo, 25 de mayo de 2014

La Maldición

En el pabellón futbolero de la casa central de San Pedro, ahí nomás de la estratósfera, llegaron con pocos días de diferencia dos tipos con un origen común y un pasado también común en el mismo lugar, pero lejos de su tierra originaria: Eusebio “La Pantera Negra de Mozambique”
Da Silva y Mário “El Monstruo Sagrado” Coluna. 22 años antes había llegado alguien que había marcado sus destinos, un húngaro, Bela Guttmann. Y se reencontraron todos en febrero de este año. En una mesa de café allá arriba, tenían mucho que hablar, pero una cuestión que zanjar en particular.

Eusebio- ¡Maestro! ¡Tanto tiempo, tantas cosas para hablar, tanto para recordar!
Mario Coluna- ¡Señor Guttmann!
Bela Guttmann- Eusebio, casi no te reconozco. Es que me acuerdo de la vez que te ibas a ir al Sporting y te tuve que esconder una semana en Algarve. Coluna, me sorprende verlo aquí. Usted fue político y creo que a gente como esa no la dejan pasar por acá – Dijo Guttmann con su aire de superioridad y altanería características, además de un poquito de rencor.
MC- Si, creo que tenía que hacer algo por mi Mozambique. Lamentablemente no me han pagado con la misma moneda. Al final, me han quitado mi casa sin darme nada a cambio. Debí haber hecho como Eusebio y quedarme en Portugal – La resignación había ganado el semblante del “Monstruo”, mientras contaba esto
BG-  ¿A usted le fue mejor con los políticos en Portugal, no Eusebio? Siempre fue amigo del poder… - Chicaneó el húngaro
E- Podría haber jugado en algún otro club importante en Europa, pero “El Padrino” no me lo permitió. En realidad lo mío siempre fue el fútbol – Eusebio dijo con la clara intención de tirarla a la tribuna
BG- Y lo mío nunca fue la diplomacia ni la política, siempre pensando en ellos y nunca en la gente, siempre corriéndome de todos lados…
MC- Pero si lo era la táctica. El hecho de que me haya retrasado en el campo, mejoró notablemente mi juego. Y Eusebio adelante también.
E- Fueron años divertidos…
BG- Realmente no importaba como defendiéramos. Sabía que atacando íbamos a marcar mas goles que el rival. Pero tampoco había muchos equipos que supieran contrarrestar el 4-2-4, era un esquema revolucionario, verdaderamente estaba adelantado a mi propio tiempo – Dijo Guttmann absolutamente superado
MC- Usted lo dijo, sin jugadores como nosotros no hubiera ganado muchos partidos. Del señor que tengo a mi lado – señala a Eusebio -  muchos de los mas grandes de la historia lo pusieron inclusive por sobre ellos mismos
E- Usted una vez dijo que no había club en el mundo con la mística que tenía el Benfica… Al señor lo llamaban “Señor Benfica”. Cuando usted limpió a todo el plantel, asumió nuestro padrinazgo. Éramos todos muchachos que usted trajo de Angola y Mozambique – Eusebio le devolvió la pared a Coluna como cuando jugaban juntos
BG- Ustedes eran buenos. Pero solo una persona puede pasar de Porto a Benfica, despedir a 20 jugadores, apostar por juveniles africanos y ganar dos de Copas de Europa. Y ese era yo.
Guttmann estaba cortante, terminante, sin mucho lugar para la réplica. Sabía la que se venía. La nostalgia y los recuerdos definitivamente habían ganado la mente  y los corazones de los mozambiqueños
MC- Teníamos el mundo a nuestros pies. Literalmente.
E- Habíamos derrotado en la primer final al Barcelona. Pero haber derrotado después al Real Madrid, era un signo de que el poder había cambiado de lado, era nuestro momento… Esos dos goles en la final de Berna… Era mi momento…
MC- Y después usted se fue...

Guttmann ya estaba visiblemente incómodo. Su lenguaje corporal no denotaba la seguridad con la que se paseaba durante los entrenamientos, su tono de voz rígido había perdido consistencia y su mirada de hierro se notaba perdida como cuando pergeñaba en Budapest una manera radical desde el plano táctico para reconquistar el mundo.

BG- Bueno… eeeh… Yo siempre lo dije el tercer año es el de la debacle… El equipo pierde el hambre, tácticamente se vuelve previsible… A partir de ahí es todo cuesta arriba

Eusebio y Coluna echaron una mirada dura y fría que dejaba bien claro que no le creían una sílaba al 
húngaro.

BG- Aparte nunca tuve un lugar al cual pudiera llamar casa. No estaba en mi naturaleza tener un lugar al que pudiera llamar hogar. He pasado penurias, he vivido momentos díficiles lej...
MC- La historia dice que fue otra cosa…
La interrupción de Coluna fue como un cachetazo para Guttmann, que volvió en si mismo, en su ego, en sus percepciones magnánimas de si mismo.
BG- Aún recuerdo cuando me despidieron del Milan. El equipo iba primero y así todo me despidieron a pesar de no ser criminal ni homosexual. Y me pasó lo mismo que en Benfica. Yo era parte fundamental de todo eso. Yo lo armé. Me dijeron que estaba demente, que no tenía idea… ¿Porque iba a renunciar a eso? Merecía eso y mas. Era yo el único indicado para seguir el camino de la gloria y no otro.
MC- Una vez que probé como sabía la gloria no quería otra cosa. Era nuestro sueño ser los dueños de Europa toda esa década. Sabíamos que podíamos.
BG- Pensaron que sin mi iba a ser lo mismo. Pero se equivocaban, sabiendo que era así, ¿Cómo no iba a pedir mas dinero? Eusebio, ud. conoció el sueño norteamericano. Coluna, ud sabe lo que es perder todo, le pasó. Yo en Estados Unidos vivía a mi gusto. Pero lo había perdido todo en el viernes negro de Wall Street.  Un hombre como yo no puede valer nada. Y juré que nunca mas volvería a pasar.
E-  Pero 100 años es una pena muy grande para pagar.
BG- Benfica tendrá suerte si antes de ese tiempo se cruza a un hombre como yo. Y después también.
E- No entiendo porque es tan impiadoso. En 1990 fui a rezar a su tumba, a pedirle que rompa con esa maldición… Y sin embargo esa vez y muchas veces mas, las derrotas siguieron llegando…
BG- ¿Usted sabe que soy judío, no? Por ahí se equivocó de intermediario cuando rezó…
Eusebio con esa respuesta se desanimó definitivamente. Coluna se mantenía con esa calma que emanaba aquel que se sabía que tenía una autoridad natural. Pero la palabra seguía del lado de Guttmann.
BG-  De todos modos, ya no estamos en la tierra. No debería preocuparles el Benfica.
MC- Entre nosotros hay mas de 1000 partidos y 500 goles juntos en Benfica. Siempre nos han homenajeado y recordado por lo que hemos hecho por el club. Somos lo que somos por el Benfica. Somos el Benfica. Hasta el Porto ganó dos Champions en este período.
E- Siempre prioricé defender la camiseta. Incluso lesionado de las rodillas, siempre fui importante para el club y el club siempre fue importante para mi…
BG- Coluna, su puesto ahora lo ocupa Enzo Perez. Eusebio, su camiseta ahora la usa Rogelio Funes Mori. Creo que realmente si los hubieran querido homenajear, hubieran cuidado sus puestos.
MC- Ciertamente no me identifico con todo este equipo casi sin jugadores portugueses ni empresas fantasmas con el nombre del club en paraísos fiscales que aportan fondos sucios para acercar jugadores al club. Pero es el club por el que di todo y me dio todo.
BG- No veo que por eso tenga que cambiar mi posición.
E- Ni se olvidaron de usted, incluso tiene su propia estatua delante del nuevo Estádio Da Luz.
BG- Aparentemente todo eso tiene que ver con el tema este de la maldición. No tiene la sinceridad que un homenaje a  un pionero como yo debe tener. Podrían haberlo hecho antes. O pagarme.
E- O podrían haberlo hecho nunca. Y los dirigentes actuales que le levantaron una estatua tampoco cometieron el error de no pagarle.
MC- La suma de todo lo que hacemos todos los benfiquistas por este club es lo que lo hace tan grande. Usted debería estar orgulloso por lo que hizo en este club esos dos años cubriéndolo de gloria, ha dirigido a grandes jugadores en todo el mundo... No obstante, usted es mas célebre por una maldición de 52 años sin títulos. Ese fue su único legado.
BG- Señores, creo que ustedes se equivocan. En primer lugar yo he hecho mucho por este juego. En segundo lugar yo no he echado ninguna maldición…
E- ¿Pero como que no? Hemos jugado 7 finales en 52 años y las perdimos todas, hemos perdido por penales, en la prórroga, en tiempo de descuento ¿Cómo que no hay maldición?
BG- Yo no juego los partidos desde el cielo, no desvíe los penales esas veces, no puse el  cabezazo bombeado de Ivanovic por sobre el arquero. Esas son todas cosas que quedan para los supersticiosos. Solo es sentido común. Si un club prescinde de un entrenado genial como yo por no valorarlo, entonces no tuvo, tiene o tendrá posibilidad de lograr nada mas importante.
E- Pero desde que se fue de Benfica usted solo ganó una li…- Como en los tiempos en los que defendían a Benfica, Coluna miró a Eusebio y este se contuvo.
MC- Sabemos que a usted siempre le interesó predecir el futuro. Todos sabemos lo que pasó desde ese día a esta parte. Usted ya no está en la tierra, pero sus palabras aún retumban en las instalaciones y en el alma de millones de benfiquistas en todo el planeta. Por favor, le pido que desde aquí haga lo que pueda para revertirlo. La gente en Benfica sinceramente le debe gratitud eterna. Lo menos que puede hacer es retornar algo.

Guttmann quedó mirando a un punto perdido. Eusebio y Coluna apuraron el café y se fueron con la esperanza de que además de su legado en la cancha, dejaban un legado desde el cielo. Solo había que esperar que llegada la oportunidad, Guttmann dejara su ego de lado.

Aproximadamente tres meses después de la charla, llegaba esa oportunidad y a Benfica le quedaba solo una piedra en el camino para romper la maldición. Una piedra con la que había tropezado siete veces.
El escenario era ese estadio con aires de palacio modernoso que es el Juventus Stadium y el rival era el Sevilla. Ambos tenían motivos para pensar que tenían una cita con el destino: Sevilla había ganado esta competición en dos oportunidades anteriores, clasificaron porque Rayo y Málaga (clasificados por mérito deportivo) fueron sancionados por la UEFA con suspensión y en las semifinales clasificó con un gol agónico en el cuarto minuto de descuento. Por su parte Benfica afrontaba su segunda final de Europa League consecutiva, venía de arrasar en el plano doméstico y volvía después de una semana a ese mismo estadio, donde había eliminado al local después de haber aguantado con dos jugadores menos.
 A  la hora del partido, el Benfica jugó mejor que el Sevilla, pero perdió chances claras y a medida que el partido iba avanzando se le iba haciendo cuesta arriba. Llegados los penales un portugués vio que era su momento. Un portugués que salió de las inferiores del clásico rival de Benfica y atajaba en Sevilla. Benfica sumaba su octavo tropiezo en 52 años y la maldición de Guttmann seguía.


Hay gente con la que es muy difícil hablar. Ya sea porque se creen superiores a la situación, ya sea porque no tienen carácter para aguantarse que les digan algo negativo, porque no tienen el coraje para afrontar una situación o simplemente porque son hipócritas. Indefectiblemente, hay cosas que se arreglan necesariamente hablando cara a cara. Pero siempre está la posibilidad que haya cosas que hablando cara a cara no necesariamente se arreglan. Los mozambiqueños tienen la oportunidad de tomar varios cafés por mas difícil que sea demoler el ego de Guttmann. Es mejor eso que esperar 48 años mas para ver al Águila volar sobre toda Europa.

lunes, 5 de mayo de 2014

Paseando por Colombia: Rencor



Remera de Candelo para la dama
No sabíamos si íbamos a llegar a ir. Nuestra voluntad estaba, pero la información era cuanto menos contradictoria. Algunos decían Sábado, otros Domingo. Finalmente fue Sábado y pudimos ir. Hablo del Nemesio Camacho Díez a.k.a. “El Campín de Bogotá”. Los preparativos comenzaron el día anterior, un día no sin pocas eventualidades. Nos dirigimos a un inmenso centro comercial local a una tienda oficial de Millonarios que era el lugar mas cercano donde se podía efectuar la compra del “tiquete” para el partido de los azules contra Patriotas de Boyacá, equipo cuyo mayor mérito fue haber ascendido en una promoción con el América de Cali. En retrospectiva, el hecho de que se vendieran prendas femenina con la cara del ex Vélez Mayer Candelo, debió hacernos suponer que el espéctaculo al que asistiríamos podía venir un poco flojo de calidad. Después procedimos a seguir con nuestro paseo de compras entre descuentos, descuentos mas brutos y no descuentos, para dar paso a la RUMBA nocturna pletórica de fieles representantes del hermosísimo universo femenino local.
La previa a la nocturnidad merece un párrafo aparte ya que encontramos un cabeza de termo futbolero alemán. Un tipo que va a la irreductible, picante y remota Isla Maciel para ver que onda con un partido de Telmo en vez de quedarse con la comodidad del imponente CommerzBank Arena de su Eintracht Frankfurt querido no merece menos que otro calificativo. Asimismo también visitó otros lugares donde la integridad física es lo último que te garantizan como un Banfield-Lanús,  Chaca y Platense entre otros lugares de Sudamérica.  Además contó como se enganchó con el lado folklórico/termocéfalo del fútbol y no podía creer que la penosa melodía de Scorpions (Banda que me gusta a pesar de ese tema) intitulada “Wind of Change” llegó a los cancioneros de las hinchadas argentinas.

Después de atar cabos entre la historia prehispánica y la narcoactualidad de Colombia y de finalmente comprender como carajo funcionaban los taxímetros en Bogotá gracias a uno de los antes mencionados exponentes, llegaba la experiencia futbolera en carne propia. La posta, la que tiene mas sentido, porque si bien las otras tenían vinculación al juego, no hay nada como ir a la cancha.
No sabía que esperar puntualmente de toda la experiencia. Sabido es que una de las grandes exportaciones culturales de la Argentina para toda la Sudamérica hispanoparlante es la cultura de cancha y del aguante, con lo bueno y con lo malo que esto tiene. Lo que había un poco mas de certeza era que iba a encontrar un inmueble en buenas condiciones ( La última remodelación databa de la previa para el mundial Sub-20 del 2011) y que lo que iba a ver dentro de la cancha no estaba en tan buenas condiciones: Como ya se había dicho en el párrafo anterior, la manija de Millonarios era Mayer Candelo y el preconcepto del jugador que fracasó en Vélez porque era gustoso de la joda no iba a cambiar por unas vacaciones.
Los Comandos Azules con el cantante de Mala Fama (?)
Una vez allí, estaba el Nemesio Camacho Díez. Realmente no se advertía un estadio imponente, al menos desde afuera. La cuestión es que ya desde el acceso se podía prever que la concurrencia iba a ser importante y el marco aceptable. Nos dirigimos hacia el acceso que correspondía a nuestra platea cruzándonos en el medio al puñado de hinchas visitantes que recorrieron los 130 km. que separan Bogotá de Boyacá y lo que vino después no fue muy diferente de lo que puede ser cualquier cancha argentina: entrada en la mano, doble control de la misma y doble cacheo. Pero una vez adentro, quedamos gratamente sorprendidos, la boca de acceso que nos tocó en suerte, nos depositó en un lugar a centímetros del césped dando la sensación de que en vez de ingresar a la platea, entrás directamente al campo, como si fuera un recital. A falta de poco menos de una hora para el comienzo del partido tuvimos tiempo para  buscar la mejor ubicación posible y para apreciar la peculiar arquitectura del estadio, con tribunas de escasa inclinación (por eso no parecía tan imponente pero de importante capacidad) y compuesto por dos anillos o bandejas superpuestas, pero en una mitad del estadio la anillo superior es mas amplio que el inferior y en la otra mitad del estadio es simétricamente al revés, con la estructura cambiando en la mitad de las tribunas cabeceras. Cuando ya tuvimos tiempo de hacer todo esto, delante nuestro los jugadores del máximo ganador de campeonatos en la historia de Colombia salieron a hacer movimientos precompetitivos donde ovacionaron a todos y a cada uno de sus jugadores y me enteré que Fabián Vargas, no solo seguía jugando al fútbol, sino que lo hacía en el popular equipo capitalino.
Terminados estos movimientos y con un marco mas que decente, los jugadores volvieron a los vestuarios y salieron cambiados para jugar, pero antes fuimos testigos de un acto de regionalismo violento, no por las formas, sino por lo intenso. Antes del saludo FIFA, primero sonó el himno colombiano acompañado de un silencio respetuoso, seguido del himno de Bogotá. Nos miramos entre los tres mientras unos 30.000 santafereños (pero no de Independiente Santa Fe) cantaban enajenados a los gritos y hacían un gesto similar al saludo fascista, pero con el pulgar y el índice formando un círculo y los tres dedos restantes apuntando hacia delante. Algo así como el gestito de idea de Balá pero nazi. Al toque empezaron a cantar que no son provincianos, lo cual reforzó nuestra sorpresa (porque no habíamos tenido indicios concretos de ese unitarismo cafetero) y nuestra idea de que había un tufillo facho en el aire.

Cuando la pelota empezó a rodar, mis sospechas sobre el espectáculo en general se fueron confirmando. Fuera del campo sonaban las mismas canciones que en Argentina, solo que el ritmo y el tiempo era levemente deformado, sumado al hecho de que hubiera dos barras en cada cabecera cantando canciones distintas, tampoco generaba un clima coherente (Una de ellas contaba con la ilustre presencia del cantante de Mala Fama). Dentro del campo no había mucho para disfrutar tampoco: se practicaba un fútbol cansino, sin pressing al rival, que permitía al que tuviera la pelota, tres o hasta cuatro tiempos para controlar y buscar a un compañero. En cuanto al equipo local, un esquema totalmente desequilibrado con jugadores incómodos en su roles, sufría ante un equipo boyacense que tenía absolutamente todas las limitaciones técnicas que un equipo de fútbol puede tener. A tal punto que cuando el lateral derecho pasó al ataque para volver necesitó un GPS porque no sabía donde estaba. La cuestión es que después de 20 minutos (y fueron tantos porque había uno atrás que gritaba los goles antes) el partido perdió sentido: Mayer Candelo mandó a la red una bocha que quedó boyando después de un tiro de esquina. Después de un breve grito de descarga se dio un festejo muy particular: un canto escasamente imaginativo y monocorde que decía “gol, gol, gol, gol, gol” 
A partir de ese momento si los muchachos de Patriotas tenían la posibilidad, daban el partido terminado ahí, porque la verdad que no tenían ni un elemento para meterse en partido de vuelta, aún con el esquema de Millonarios que lo dejaba expuesto a un riesgo innecesario incluso ante un equipo absolutamente inofensivo.  Quedamos con tiempo para diseccionar a Millonarios con un par de buenos valores y otros no tanto, como el número 4 de movimientos ampulosamente rústicos, ver como “El Vengador” Delgado cruzó toda la cancha para tomar un tiro libre y como Dayro Moreno firmaba un hat trick mostrando un amplio repertorio: un viril remate cruzado, un oportunista canillazo a centímetros del arco y un delicioso y sútil toque por sobre la impotente humanidad del arquero boyacense.


Se me pegó una canción por ritmo y por letra que decía: Jamás, Jamás, he dejado de ser tuyo, lo digo con orgullo: Del Millo y nada mas. No me hice hincha de los azules y la canción me da muy gallina pero jamás,  jamás pasará al olvido la visita al Campín. Aunque sea que se recuerde como la tarde que fui el único cabeza de termo entre mas de treinta mil tipos que no aplaudió a Mayer Candelo.  

lunes, 21 de abril de 2014

Paseando por Colombia: Un miércoles

Taganga es una especie de suburbio samario, pero tiene un aire mas a pueblo aislado. Se encuentra en una ensenada detrás de unas sierras que dominan el paisaje de un lado, mientras que del otro está una playa de no más de 600 o 700 metros (Igual nunca fui bueno para medir distancias) con sus lanchas turísticas y pesqueras. Allí mismo empezó ese miércoles, mi miércoles.
La decisión había sido tomada: Íbamos a pasar nuestro último día de playa en una llamada Playa Cristal. Luego de una contradictoria y agresiva campaña comercial, que incluyó una piedra arrojada a Marian por un niño que parecía local, pero poseía costumbres típicas de Saavedra, nos subimos a una lancha que nos dejó allí. Lo que pasó después casi que no viene al caso: un fantástico rato de snorkel, un baño en las aguas cristalinas de la playa y el regreso en la lancha al mando de un capitán que tenía no menos de 16 cervezas Águila encima. Cabe consignar que como era un tipo responsable, todas ellas fueron Águila Light. Después vino el viaje en buseta, donde cada viaje es una experiencia única, con busetas tipo boliche o conos de la policía entre el pasaje.

Sabia en una buseta en Santa Marta
Pero todo lo anterior es bastante relativo. Yo soy muy hincha de Vélez y ese miércoles jugaba Vélez. Para mi, un día en el que juega Vélez es un día que está enteramente cruzado por el partido, el resto es tiempo muerto. Una vez vuelto de la playa y llegado el horario del partido, me acodé en la barra del bar del hostel a ver el partido. No tengo dificultades con el inglés, pero explicarle a la alemana de la barra que ponga Fox Sports en la tele fue una tarea un tanto compleja: le tuve que explicar que quería ver un partido, que estaba en Fox, y que había tres señales distintas de ese canal, que fue lo mas complejo de hacerle entender. Una vez resulto este leve percance (afortunadamente antes del comienzo del mismo) hasta aproximadamente los 30 minutos sufrí el partido (Como siempre que lo veo televisado) en soledad. A partir de ahí, percibo que la alemana de la barra se sienta en la caja, sita frente a donde yo estaba viendo el partido y me empieza a mirar con detenimiento. Por la cara que ella tenía, supuse que tal vez debía tener una cucaracha caminándome por la cara, o algo así, porque no era normal su escrutinio.

40 minutos del primer tiempo. Se acerca Marian. Pregunta por el resultado del partido. Le aviso que cualquier desgracia futbolística que ocurra será pura y exclusiva responsabilidad suya. Por un lado era una actitud justa, porque ya tenía en su haber un acto extrafutbolístico que lo hacía pasible de asumir la responsabilidad por cualquier cosa (futbolística o no) que saliera menos que perfecta, pero por el otro era injusto, porque realmente habíamos perdido el control del partido aún ganando. A partir de ahí la debacle: En realidad seguíamos ganando, pero la presencia de Mariano desató la debacle mía propia: La alemana se decidió a hablarnos.
Para quien nunca estuvo en un hostel, este es un lugar donde la gente interactúa constantemente. Podés tener una habitación para vos solo e incluso el raro privilegio de baño propio, pero el resto de las facilidades invariablemente se encuentran en espacios comunes. Como la gente que está ahí está toda mas o menos en la misma, las chances de que un británico/escandinavo/ibérico/asiático/alienígena tenga ganas de practicar su español con vos es tremendamente alta. El tema es que yo quería ver a Vélez y tomar una birra sin que me rompan las pelotas, la concha de su puta madre. Pero la alemana decía que nos conocía de algún lado, nos dijo por donde estuvo, le intenté explicar que por ahí nos recordaba del sábado anterior, nos buscó por Facebook, me siguió mirando, preguntaba... hasta por ahí me la garchaba y todo... Pero ojalá hubiera acabado ahí (no en el garche, si no en poder ver el partido concentrado). Los 5 primeros minutos del segundo tiempo fueron tremendos para Vélez porque los brazucas se vinieron con todo. Ese período coincidió con que se me acercó una señorita belga de un aspecto que hacía suponer una mayor edad de la que ciertamente poseía y transitivamente cierta inestabilidad mental. No me acuerdo que hablamos, pero mas o menos coincidió su partida con el último cascotazo al rancho de Sosa.

No era apto para sociabilizar en ese preciso momento y parecía que, a falta de 40 minutos, el entorno, se había dado cuenta. ERROR. CLAMOROSO ERROR. 5 o 10 minutos después se me acerca un holandés que se parecía a Piero. A los 2 minutos un espantoso marcaje de Vélez en una pelota parada puso el empate y como era lógico tratándose de mi, vinculé su presencia con la llegada del gol rival y le asigné poderes mufísticos, pensé que quería que me saquen al cascote naranja de al lado y Máxima y la concha de su hermana. Y no paraba de hablarme, encima. Y no solo no paraba de hablarme, sino que me acercaba la cara al hablar. Por una cuestión de educación, acomodé un poco mi lenguaje corporal hacia el otro televisor para que pareciera que lo escuchaba y no piense que ignoraba lo que tenía para decirme en su áspero español. Justo en el mismo momento que él mismo hizo el chiste que se parecía a Piero y que verdaderamente fue un alivio, llegó el otro alivio, el que me importaba: el Oso Pratto después de su patriada número mil, conectó una volea cruzada a la carrera notable para el 2 a 1. Después vino el otro momento en el que el Piero holandés consiguió distraerme brevemente del partido, cuando me dijo que era fan de Hermética, el resto de la charla trascurrió entre su anguloso poco y fluido español y mi modo piloto de simulación de sociabilización. Después cayó Marian (después de un partido de pool con el Peti y probablemente en breve descanso de sus extenuantes labores en el celular) a ver el tramo final del partido.

Pero lo mas loco estaría por venir. Con el partido agonizante, Velez quedó en una situación de contraataque de manual: Tres atacantes contra dos defensores con Canteros al manejo de la pelota, Pratto tira la diagonal para afuera y Canteros queda en posición central para sacar un latigazo de derecha haciendo estéril cualquier resistencia del golero paranaense. Grito el gol y el Piero holandés también lo grita y me abraza. Y un gol tiene eso, en la alegría uno se funde en un abrazo con un extraño no importa quien fuera porque lo que importa es el sentimiento, compartir la alegría. Aunque sea el Piero holandés a 5.370 km del Amalfitani en Santa Marta, Magdalena, Colombia.