Edinburgh – Una historia conocida
| Easter Road |
Gran ciudad, pero lugar que uno no asociaría con el fútbol.
De todos modos, es el hogar de dos clubes que tienen una dicotomía similar a la
de Glasgow, pero que ha quedado en el olvido para pasar una cuestión de pertenencia
a determinado sector de la ciudad. Mi primera visita fue a las instalaciones
del Hibernian, club que estuvo inicialmente vinculado a la siempre sufrida y
numerosa comunidad católica irlandesa de la zona de Cowgate, área de donde se
transportaba el ganado hacia el mercado de la ciudad anteriormente y donde en
la actualidad, los turistas recorren su historia de día y recorren sus bares y
clubes de noche. Su nombre deriva de Hibernia, nombre que los romanos dieron a
Irlanda y significa “tierra del invierno”. Salí desde Waverley, la estación
central de la ciudad, caminé por la comercial Princes Street, hacia la calle
Leith para rodear Calton Hill. De ahí agarré la apacible calle London hasta
Easter Road, que da nombre al hogar del Hibernian, aunque no esté sobre esa
calle. Se trata de un estadio prolijo, en apariencia modernoso, con una prolija
tienda comercial, situado en una parte de la ciudad que tiene mucho menos
brillo que el centro turístico y que tiene mas que ver con la real composición
social con sus supermercados de precio convenientes, sus almacenes de producto
exclusivamente polacos y/o rusos, con el pulso del día a día del laburante que hace su vida al margen de los turistas
que llegamos en busca de castillos y kilts.
| Tynecastle |
Si uno se toma el colectivo de la
línea 1, puede ir al hogar del dueño de la otra mitad de la ciudad, Heart of
Midlothian, mas conocido como Hearts, tomando nombre y escudo de la cárcel de
la ciudad ya que los fundadores del club trabajaban allí (En la famosa Royal
Mile, aún se puede apreciar el famoso mosaico con el escudo de la cárcel e
incluso se lo puede escupir, pero si se falla en el esputo, se es pasible de
multa). En Gorgie, una zona de la ciudad que no parece puntualmente mas
acomodada que la de su rival, se encuentra el estadio de Tynecastle, cuyo
estacionamiento y tienda comercial se encuentran sobre la calle McLeod. A decir
verdad, no supe determinar si las estructuras originales habían sido respetadas
y su estilo tenía algo de retro o si las instalaciones estaban algo
deterioradas. Al igual que en Easter Road, un par de fotos al exterior, otra
visita a un prolijo local comercial y de vuelta en la calle. Mientras tomaba el
colectivo para volver al centro, me di vuelta y detrás de Tynecastle estaba la
imponente silueta de Murrayfield, el estadio nacional de rugby, reflejando que
en esta ciudad tal vez el fútbol esté a la sombra del rugby
Birmingham –El palacio de Aston
Fui por el metal, me quedé por el fútbol: En realidad no,
pero si hubo de las dos cosas. Llegué a la fantástica estación central de tren
de Birmingham New Street y luego de dar un par de vueltas, junté coraje y me
hice una escapada a la zona de Aston, hogar actual del Aston Villa, pero
principalmente escenario y musa inspiradora de Black Sabbath, la banda que dio
inicio al género del Heavy Metal, otro gran pasatiempo de quien escribe (Pero
no me da la cara para escribir un blog de eso).
En vez de bajar en la estación
de Aston bajé en la siguiente estación, Witton, que por su apariencia bien
podría localizarse en el algún lugar del conurbano en vez de algún lugar en
Birmingham. Caminé 150 metros entre una fábrica abandonada con murales alusivos
al campeonato continental obtenido por el club y casas bastante descuidadas y
ya me encontré en el estacionamiento del Villa Park, un estadio bien mantenido,
pero con el encanto tradicional de los estadios típicos ingleses. Como hasta
ese momento saqué un par de fotos al exterior y entre al local comercial sin
comprar nada ya que si bien la ropa tentaba , el cartel de la inminente visita
de mi Wolverhampton a ese inmueble me recordaba que de alguna manera estaba ahí
como infiltrado. De todos modos, una vez que di la vuelta (Después de pasar por
una calle que pasa por debajo de la tribuna) me encontré maravillado por la casa
de los más acérrimos fanáticos del conjunto de Birmingham: La Holte End. La
fachada antigua con ladrillos a la vista en el estilo industrial típico de la
ciudad, las escalinatas, los vitrales, el Holte Hotel... Después se camina
Aston y se vuelve a la realidad: una ciudad cuya banda de sonido al son del
metal pesado fue reemplazada por el movimiento de los negocios a la calle,
donde las caras redondas y rozagantes fueron reemplazadas por rasgos de lares
hindúes/islámicos y los pubs dieron lugar a las mezquitas como lugar de
reunión. A pesar de que los tiempos cambiaron, cerca de la estación de Witton
hay un pedazo del Birmingham de hace 40, 50 años y recuerda a todos que este
club, al igual que su ciudad, supieron conocer tiempos mejores, pero que la historia
y la grandeza siguen ahí. Solo el tiempo dirá si todo volverá a ser como antes.
Dublin - Cerrando el círculo
Odio las fechas FIFA. Me chupa un huevo la selección, el 95%
de los que juegan ahí y todos los obsecuentes que la rodean. Le deseo lo peor a
la AFA en todo lo que emprenda por inútiles y corruptos. Solo la presencia del
Tigre Gareca en Perú logra ponerle un poco de pasión a esas fechas, porque uno
siente cierta gratitud a aquellos que lo hicieron feliz alguna vez.
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| The Fields of Athenry |
Dublin no era un mal lugar para estar en una fecha FIFA ya
que no es una de las grandes capitales del fútbol mundial justamente. Justo
jugaba la selección local contra Georgia, pero el alto precio de las entradas
(160 euros la mas económica), me hizo recalcular planes. Por eso en vez de
pasar el día en la ciudad, tomé una excursión a Irlanda del Norte donde tomé
dimensión de todo lo absurdo que era la situación política en la isla (la
decisión del Brexit lo hará todo mas absurdo aún) y pasé por lugares
absolutamente impresionantes. Al final de la excursión que había durado todo el
día, el guía hizo algunas recomendaciones respecto a que hacer a la noche,
entre ellos ver el segundo tiempo del partido de la selección a un bar llamado
“The Celt”, la cual acepté y resultó ser una gran decisión. Entre Guinness y
Fish & Chips hice las paces con Robbie Brady sin que el lo supiera. Tampoco
supo que le había deseado lo peor después de ese zurdazo fantástico que echó
por tierra mis ilusiones de ver a mis Wolves ganar. Pero la imagen de un Brady
yaciendo inerte en el piso después de un horrible choque de cabezas, me hizo
pensar que tal vez no le deseaba tanto la muerte al volante zurdo del Norwich.
Un par de birras después, ya con el partido finalizado me encontré camino al
baño con un cuadro que contenía la letra
de Fields Of Athenry, la canción que me perdí por omisión/negligencia en
Glasgow.
En un bar del centro de Dublin, a metros del Spire, me
echaron un poco de sal en la herida. Pero tampoco eran tan pendientes las
cuentas.




























