La cita siguiente era
exactamente 23 horas después de finalizado el juego en Glasgow y era en Londres
(Dos puntos geográficos que uno no calificaría como cercanos exactamente)
Después de una experiencia en micro con luces y sombras y de matar un poco el tiempo,
fui hacia King’s Cross, tomé la Piccadilly Line para conectar con la Central
Line en dirección hacia Epping para llegar a la estación Stratford, a (varios)
metros del Estadio Olímpico de Londres, donde desde comienzos de la temporada
2016/17’ el West Ham ejerce su localía, en esta oportunidad ante el Southampton
en una espléndida tarde de final de verano londinense, a pesar de todos los
preconceptos de una ciudad que se vende como víctima de una perenne capa de
espesa niebla.
Dicho estadio se
encontraba cuestionado por los hinchas del club granate, primero por no ser
todo lo que el viejo Upton Park representaba (cosa que hubiera pasado de todos
modos), pero porque también el club encontró una serie de inconvenientes
logísticos que no hicieron fácil la transición al nuevo hogar. El primero de
ellos lo encontré en la estación de Stratford, Una cinta extendida en dirección
a la (única) salida de la estación indicando la dirección hacia donde está el
estadio. Después no vi un cartel mas y como desafortunadamente no tomé las
precauciones acerca de cómo llegar desde la estación al estadio (ocasionalmente
puede llegar a ser un tema) tomé la decisión de despersonalizarme y seguir a la
masa bajo la suposición de que lo único interesante para hacer en Stratford un
día de partido es ir a la cancha (Funcionó, pero no es así). De todos modos, a
pesar de no haber un cartel, si estaba mucha gente de campera fluorescente que
vigilaba el camino hacia el parque olímpico hasta que en algún momento el
estadio ya se podía divisar con una presentación impactante: Cartelería sobre
la estructura del estadio indicando el nombre del club y gigantografías de jugadores y escudo del
club cubriendo las entrañas del estadio. No todo estaba resuelto porque aún no
tenía entrada: Había recurrido al mismo método de intermediación que en mi
anterior visita a Stuttgart, pero en esta oportunidad no sabía si tenía la
entrada y si la tenía, donde retirarla. Basado en mi experiencia busque la que
pudiera parecer la entrada principal y esperé instrucciones. El barba me mandó
Wi-Fi (El Parque Olímpico en realidad) y al toque llegaron las instrucciones. You
gotta believe. Me dieron un sobre con mi entrada.
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| Homenaje a los laburantes devenidos en clientes |
Aparentemente había
varios salones ejecutivos, y el que me tocaba era uno llamado “The Londoner
Claret”. Me guían hacia allí y una morocha (divina) me da un programa, me
explica lo que era bastante obvio (El bar, la entrada, los baños). Tomo asiento
en una banqueta de esas altas y me familiarizo con el lugar: Un espacio blanco,
luminoso, modernoso, con niños corriendo en camisetas con el número y el
apellido de sus padres. Me dirijo al bar, donde ya era obvio que no iba a
disfrutar de ese banquete memorable de Stuttgart, pero la sorpresa fue
importante: Cobraban todo. Si la mujer de Mark Noble, un tipo que es la
personificación de lo que representa el club, quería una botella de agua tenía
que pagar, lo que me pareció demencial. Faltaba bastante para el partido, así
que no me quedó otra que tomarme una birra mientras leía el programa hasta el
arranque del partido. Un gran detalle durante este momento es que entregaron un
papel con las formaciones que meses mas tarde me enteré que es el que se le
entrega a la prensa.
Cuando fui a ocupar mi
butaca, me impactó lo imponente del estadio y cuando me concentré un poquito
mas en lo que pasaba alrededor me llamó la atención una disonancia: Mientras el
sistema de sonido del estadio escupía “Welcome To The Jungle” de Guns N’ Roses,
la pantalla solicitaba a los señores clientes que ocupen sus asientos y no vean
el partido parados. Al final la jungla era otra cosa aparentemente.
Pronto al arranque del
partido me vi rodeado de familiares de los jugadores y en un dilema. Conseguí
las entradas a través del padre de Lanzini y al lado se sentó la madre del
exRiver con un hombre. Sabía que estaban divorciados mas no sabía en que
términos, con lo que me encontraba en un dilema ¿Me presento y quedo como el
culo? ¿Me hago el boludo y quedo como el culo? Uno siempre trata de cultivar el
perfil bajo aún a riesgo de quedar como parco o forro, así que elegí ese camino
y me dediqué a ver fútbol. No obstante, este momento de (in)decisión no me
privó de ver el ingreso al son de Forever Blowing Bubbles, ni de ignorar la
presencia delante mío de la mujer de Zaza con su glamour directamente importado
de la Vía Montenapoleone.
El arranque del fútbol
fue largamente intrascendente en cuanto a la generación de situaciones, pero el
nivel técnico y la velocidad e intensidad (e incluso vehemencia en un par de
cruces) con la que se jugaba hacían del partido un espectáculo cautivante. El
partido estaba bajo ese equilibrio frágil, en el cual si uno de los dos equipos
marca inclina la balanza definitivamente a su favor. Los locales venían de un
arranque de temporada complejo y salían a ganar, pero a su vez exponían los
problemas que venían teniendo específicamente desde el punto de vista táctico
por las bandas producto de un 4-2-3-1 demasiado rígido, mientras los visitantes
de a poco iban aceitando su esquema táctico: La solidez del imponente Van Dijk
en el juego aéreo, las trepadas de Bertrand por la banda izquierda, el manejo
del trío central del muy eficiente Romeu, el eléctrico Davis y el intermitente
Hojberg y empezando a conectar el trío de ataque con Austin como cabeza de área
y Redmond atando las bandas y Tadic jugando por todo el frente de ataque. El
desequilibrio en el resultado a los 40 minutos tuvo alguna de estas variantes:
Tadic se hamacó por la banda izquierda y contactó a Bertrand que en vez de
pasar por afuera tiró una diagonal interna para desbordar a Nordveit (volante
central noruego que ocupó el lateral derecho) y llegó hasta el fondo donde
encontró a Austin que la puso al segundo palo lejos del alcance de Adríán para
el 1-0. West Ham no veía la hora de del entretiempo, porque Southampton en esos
5 minutos se liberó y encima largo al lateral del otro lado Cedric Soares,
quien casi pone el 2-0.
En el segundo tiempo
salió Lanzini (Ju*n) e ingresó Feghouli, para contener las subidas de Bertrand
y darle a Payet mayor libertad para moverse por todo el frente de ataque, pero
el cambio de Bilic tuvo efectos secundarios: por un lado el Soton liberó a su
otro lateral, Cedric Soares y el West Ham perdió capacidad de desequilibrio por
la derecha y presencia a la hora de pelear en el mediocampo, donde el trío de
centrocampistas visitante movía la pelota cada vez mas rápido, especialmente
con el vértigo de Davis. Precisamente este recuperó una pelota en un lugar
complicado para los locales, para poner al trío de ataque en acción Redmond
agarró la pelota, encontró a Austin que rápidamente le derivo el balón a Tadic,
que mano a mano ante Adrián, se hamacó hacia su derecha vendiéndole al arquero
un remate a su palo izquierdo, pero en su lugar dejó correr el balón para abrir
el arco en su totalidad y empujar al gol fácilmente. Ciertamente, un gol con
toda la categoría que venía mostrando el excelente volante ofensivo serbio.
West ham tuvo un momento de zozobra pero luego tuvo diez minutos en los que
puso al visitante contra las cuerdas. Los Santos con mas fortuna que pericia
pudieron aguantar este tramo hasta que pudieron volver a representar una
amenaza desde la contra, ya liderados por el irlandés Long, en unos 10 minutos
finales que resultaron ser frenéticos. Ya cuando una parte considerable del público
local había dejado sus asientos, Redmond lo dejó solo a Davis para que el
norirlandés pudiera conseguir el gol que merecía (al menos desde mi punto de
vista), pero su control no fue bueno. Aún así, llegó a tirar un centro atrás
que se desvío hacia la presencia del emergente del banco de suplentes
Ward-Prowse, que puso el 3-0 que sería definitivo. La despedida del equipo fue
acompañada con merecidos abucheos por parte de los clientes hinchas
locales que se quedaron hasta el final del partido, porque realmente su equipo
mostró muy poco. Mucho mas alegre era el panorama para los sureños, que se
quedaron todos a saludar a su equipo que había conseguido los tres puntos de
muy buena forma.
Luego, fui a cumplir
con lo solicitado por mi hermano del enorme local oficial del club, pensando
que así da gusto ser cliente. Respecto a eso, definitivamente el ambiente en el
estadio no era el que esperaba de un partido de Premier, un poco por la
estructura del estadio, un poco porque el equipo no contagiaba, un poco porque
a algunos se les ocurrió que tal vez debía ser así; pero el producto dentro de la cancha era
totalmente lo que esperaba: Un fútbol muy demandante desde lo físico, veloz,
áspero, pero también desde lo técnico, donde cualquier imperfección técnica te deja
expuesto, donde cada control que sea menos que impecable es una oportunidad
para que el rival recupere la pelota y cuyo desarrollo capta la atención todo
el tiempo.
Volví pronto a la zona
de King’s Cross a tomar una birra, una cena de comida chatarra y ocupar mi
habitación en el hostel para volver a tomar una ducha y sentir el descanso que
solo te puede brindar una cama después de casi 40 horas consagradas al fútbol.
Seis días después volvería tener una cita con la redonda para cancelar una
deuda que consideré pendiente con mi pasión muchísimo mas tiempo del que
hubiera querido. Para calmar la ansiedad, por suerte la posibilidad de
disfrutar todo lo otro que Londres tiene para ofrecer.

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