Un error de autocorrección en el procesador de texto por parte de la nutricionista del departamento médico de River Plate hizo que Rogelio Gabriel Funes Mori (O Funes Dogui según ese archivo de texto) estuviera recibiendo comida para perros en las sucesivas concentraciones durante estos dos últimos años en el Estadio Monumental. Esto generó polémica en el siempre revulsivo Mundo River, ya que se ha replanteado sobre la atención de los profesionales del fútbol en base a las ignominias futbolísticas que ha sufrido la entidad presidida por el inefable Passarella y los siempre ímbeciles paralelismos proferidos hasta en la revista Para Ti de las cualidades futbolísticas del mencionado jugador con la raza canina.
Aprovechando la volada, Tocuén Es Fulbo, consultó a uno de sus pasantes, que reprobó el CBC de Medicina que fue tajante y dijo que "Son unos forros. Ni en pedo pueden hacer eso". Lejos de admitir equivocación alguna en en el Departamento Médico de River Plate, esquivaron el bulto y justificaron ese curso de acción. "Esto estaba premeditado, y los beneficios se notan en Rogelio: el pelaje está mas brilloso, mas fuerte, mejoró su dentadura y aliento y su caca no está tan diarreica. Eso si, Gati nunca a ningún jugador, porque atajaba en la contra" Igual asumieron que no salió del todo bien: "Cuando no se lo llevó el Benfica, lo quiso adoptar la Sole, porque le parecía de Raza" pero rápidamente aclararon que "Como el Melli estaba flojo de papeles, no se pudo hacer la adopción" en referencia al cuñado de Mauro Díaz.
En el plantel y cuerpo técnico de River, gracias a la gestión de un peruano que pinchó una línea para que Tocuén es Fulbo pudiera hablar telefónicamente con ellos, siempre desde el pedido de anonimato total, se expidieron sobre este tema. Un prominente miembro del cuerpo técnico que fuera retratado como un león alicaído por un vástago dijo: "Cuando lo llamo en el entrenamiento viene corriendo moviendo la cola o a veces durante algún ejercicio táctico se pone a lamerse las bolas, pero para mi siempre fue así". Un delantero veterano que acaba de llegar de tramitar su divorcio en un paraíso fiscal europeo dijo en el hall de Ezeiza con su perfecto acento franco-ítalo-argentino lo siguiente: "Es feo que digan eso. Es muy compañero en las concentraciones. Cuando tomamos mate, siempre se echa a los pies del que ceba o le tiramos una pelota para que la vaya a buscar y se entretiene un rato largo así" Antes de subirse a una combi de Manuel Tienda León, hizo un paralelismo con otro delantero uruguayo del plantel con el que "Es muy díficil convivir. Hay que regarle los pies y toma sol todo el día y a la noche te llena la habitación de dióxido de carbono". Respecto a esta última declaración un facultativo riverplatense disipó dudas: "Es muy común entre los jugadores uruguayos, Alzamendi y Matosas también hacían fotosíntesis. Pero, ojo, también está Nelson Gutierrez que comía solo carroña"
Igual si todavía seguís creyendo que estás boludeces que aparecen en Tocuén es Fulbo son verdad, andá a leer O*é, que es mas gracioso.
Mostrando entradas con la etiqueta Garra Charrua. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Garra Charrua. Mostrar todas las entradas
lunes, 5 de noviembre de 2012
lunes, 21 de noviembre de 2011
Familias Futboleros: Los Montero. A Sangre Fría
Los protagonistas: Una típica familia uruguaya. El lugar, una coqueta casa en Punta del Este. La situación: Cena de Nochebuena. Así trascurre. Suena el timbre y el patriarca abre la puerta. Flota la tensión en el aire Es su hermano. Se abrazan. Detrás de lo que es un cálido abrazo, una piña va hacia la zona renal de uno, la devolución va hacia la zona de cintura del otro. Los niños no se abrazan, se insultan, alguno que otro ensaya un piquete de ojos, otros preparan sus alfileres de gancho. Entra una mujer con una bandeja con la ensalada rusa (Que en uruguay debe tener alguno de esos nombres tan pintorescos), que no alcanza a apoyarla en la mesa sin recibir una patada violenta en la parte lateral de la rodilla, justo ahí, donde el menisco impone su función amortiguadora. Se destapa una Pilsen y surge un agraviante, ácido grito de “Cantegrilero, compra medio y medio” con posterior silbido de la Pilsen retornable (masomeno a tres cuartos de su capacidad) cortando el aire en su vuelo. Hasta que llega la comida, mientras se produce un intercambio violento sobre si la yerba Canarias o si la yerba Sara para llenar un porongo. Uno de los gurises expresa su descontento con el menú y pide chivito. Lo único que logra es recibir un artero codazo que destruye su comedor aún de leche. Sigue la velada, prolífica en fracturas expuestas y chorros de sangre que salen a borbotones. Llegan las 12. Se acerca la hora de la pirotecnia. Y con la gente esta muñida con fuego mejor no seguir…
La escena anterior claramente no responde a la realidad, pero bien podría haber sido una cena de Nochebuena en la casa de los Montero Castillo. El patriarca un tal Julio, uno de los gurises un tal Paolo Ronald. Julio Montero Castillo y Paolo Montero, además de ser padre e hijo, fueron dos de los principales estandartes que mantuvo el fútbol uruguayo post-maracanazo. Ese que hacía de la garra charrúa pegarle de punta y que la vaya a buscar Jaime Roos (?) y un pasaporte a la violencia cuando la mano venía torcida. Además estos dos constituyen una clara excepción a la máxima futbolera padre exitoso – hijo fracasado.

Comencemos con el padre. Julio “El Mudo” Montero Castillo era uno de esos volantes defensivos “cueveros”, de aquellos que no tenían problemas en bajar a la zaga si la situación lo requería. Arrancó su carrera en Liverpool (Pronúnciese Liberpúl, con acento en la u, el del barrio de Belvedere en Montevideo, no confundir con su homónimo inglés), después se hizo grande en Nacional, anduvo por Independiente, por España y cerró su carrera en Nacional. Más allá de esto algunos como Cruyff (2:50 de este video) lo recuerdan por su estilo de juego un tanto áspero, por no decir violento. De hecho, nunca lo ocultó: es el autor de frases como “Adentro de la cancha, mi vieja se pone una camiseta y le pego también” “Antes te dejaban pegar un poquito más” “Yo me lustraba los tapones” “Yo leía El Gráfico y en Argentina eran todos pesados, después vi que no era ninguno” o “Yo no hablaba, pegaba. Si me pegaban no decía nada pero después, a la vuelta, a ver si aguantás” Por caso, cuenta que P*lé le dijo que por lo menos, le pegara cuando tenía la pelota, o la vez que le pegó una trompada a Morena en un partido homenaje, lo echaron y le reprochó al juez la expulsión, ya que se trataba de un partido homenaje. Incluso El Bambino Veira cuenta que jugando en Sevilla se cruzó con el Granada de Montero Castillo y Aguirre Suarez (Algo así como una sociedad caníbal amazónica y que incluso diera nombre a una banda de rock indie local) y estos le advirtieron que pasar por su zona era como ir a Vietnam.Hasta aquí, querido Tito Lecture (?) Ud. pensará que Montero Castillo era un carnicero y que lo queremos hacer pasar por pintoresco. Ni una ni la otra. O ambas dos, porque no. Pero también sus logros hablan por si solos. Jugó dos mundiales, en el 70’ (Con un brillante y desafortunado equipo uruguayo) y en el 74’ (Con un brutal y cínico equipo), ganó una Copa Ámerica y con Nacional ganó una Libertadores y una Intercontinental de la mano de Luis Artime, lo que lo ha convertido en ídolo histórico Bolso.

Pasaron los años y el fútbol uruguayo parecía quedado en el tiempo, solo que la época dorada de los clubes había pasado y los ídolos, antes bolsos o manyas, ahora hacían sus armas en Europa y en Argentina. En ese marco apareció un gurí con apellido ilustre: Paolo Ronald Montero. Contra la historia tricolor de su padre, se erigió como aparición de Peñarol, el eterno rival. Poco jugó allí. En un año ya era jugador de ese particular equipo que es Atalanta (Y que amerita una crónica). Se afianzó, para llegar a la Juve, donde sería ídolo formando una dupla central junto al perenne Ciro Ferrara y ganar cinco Scudettos El mito de la garra charrúa (aunque el hijo piense que tal etiqueta no existe) se mantuvo en parte por padre e hijo. Dos carreras ilustres, llenas de logros y a su vez distorsionadas por el carácter violento de su juego. No importa. Valga la reseña para estos dos. Si en el futuro, ud. pasa por Tenfield y ve una suela incrustándose en un torax, mientras el relator espeta un breve “Montero”, ya sabe: La Dinastía continúa
Suscribirse a:
Entradas (Atom)